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Salud en Otoño

Escrito por Dra. Raquelina Luna. Posted in Salud General

Por: Raquelina Luna Calvo

Por los movimientos del planeta Tierra, el año está dividido en cuatro estaciones, de acuerdo a la posición con respecto al Sol. Ahora le toca al otoño el cual de manera oficial entra en el hemisferio norte alrededor del 21 y 22 de septiembre y en el hemisferio sur en esos mismos días, en el mes de marzo. Se corresponde, al igual que la primavera, a un equinoccio, palabra del latín que significa que la duración del día es igual al de la noche. A partir de ahora la luz del día irá en descenso y las noches se harán más largas hasta culminar en el solsticio de invierno, alrededor del 21 de diciembre.

En el modelo que propone la Medicina Tradicional China (MTC) en su mayor simplicidad nos habla de mantener equilibrados los elementos ying y yang, los mundos interiores y los exteriores, los órganos y las vísceras, las energías ascendentes y descendentes, etc, adaptándonos a los cambios de las estaciones y así mantener la salud.

El clásico de MTC, el Nei Ching (libro más antiguo conocido) ya menciona que en la alta antigüedad, cuando la gente no vivía según las leyes de la naturaleza sucumbía a la enfermedad y vivía la mitad de sus 120 años. En sistemas de salud de otras tradiciones antiguas hay enfoques en común. Recogemos de la India un versículo védico que habla de la inteligencia interior del cuerpo como el “genio último y supremo de la naturaleza que refleja la sabiduría del cosmos”.�
Estos sistemas en general se enfocan en el trabajo preventivo que debemos hacer siguiendo las pautas que la naturaleza nos da en cada cambio.

El cambio, en definitiva es una constante inherente a la vida y la sugerencia para mantener la salud es la adaptación consciente e inteligente. Ganar el control de los climas internos (emociones, pensamientos, biología) y permanecer protegidos de los externos. Mantener un equilibrio entre las actividades hacia afuera y las actividades regulares dirigidas hacia adentro. Desde ese punto de vista, cada estación sugiere una forma de alimentarnos, una herbologia, ejercicios, prácticas cotidianas dirigidas a estimular esa fuerza vital de cada ser y mantenerla en la fluencia equilibrada.

En el otoño frecuentemente se registran cambios de temperatura, vientos que resultan en la caída de las hojas y el polen de las plantas, se generan lluvias y encharcamiento. Durante el otoño, las hojas de los árboles caducos cambian y su color verde se tornan un tanto amarillo y marrón , hasta que se secan y caen ayudadas por el viento que sopla con mayor fuerza. La temperatura comienza a descender.

En la teoría china de los 5 reinos, el otoño está relacionado con el metal, representado en las sales y minerales de la tierra, cuya función es crear estructura y comunicación. Es semejante a la energía del aire en otras culturas, ambas se expresan en los trabajos interiores, las actividades de la mente y el desarrollo de las ideas, la escritura y el habla. El elemento metal se relaciona con muchos otros aspectos externos e internos, como la dirección oeste, el color blanco, el pulmón e intestino grueso como órganos, el recuerdo, la melancolía, la nostalgia, la pena; así mismo la nariz como órgano sensorial y el olfato como sentido; el sabor relacionado es el picante y especiado; el líquido corporal es la mucosidad y su clima es el seco. También se relaciona con la piel que actúa como tercer pulmón al ser la capa exterior que se halla en contacto con el aire. Los aspectos relacionados con carencia o exceso producen daño a la energía del metal en nuestro organismo.

Un ejemplo del desequilibrio del metal en el organismo es la nariz mucosa, congestión de los senos nasales, tos, la incidencia de catarros o irritaciones en el tracto respiratorio. También los problemas de tránsito intestinal, ya sea por estreñimiento (estancamiento) o por diarreas.
A nivel simbólico, la tos resiste a todo lo indeseable y trata de expulsarlo: comunicación, emociones o un cambio no deseado. También los hábitos intestinales pueden ser el reflejo de la actitud ante el cambio; por ejemplo, retener la materia fecal hasta el punto de sentir dolor o dejar salir libremente los desperdicios. La “retención” no sólo se produce en el recto sino en todo el cuerpo, lo que implica tirantez muscular, tensión mental y otras restricciones de las funciones corporales.

Tanto en la medicina china como en la occidental se relacionan muchos problemas pulmonares con los cutáneos. Asma, eccemas, erupciones, asociadas a catarros, infecciones pulmonares, etc. Enfermedades respiratorias, de la piel o de los intestinos tienden a brotar y empeorar en esta época que justamente es la ideal para fortalecerlos, en especial cuando existe un historial de debilidades en esas áreas.

Los pulmones y el intestino grueso son dos zonas que se benefician de permanecer limpias para su función adecuada. Una dieta abundante en alimentos naturales, frutas frescas de la temporada, verduras crudas o ligeramente vaporizadas, cereales integrales con mucha fibra y abundantes líquidos, en especial agua, ayuda a una buena eliminación y a mantener el buen tono intestinal. Igualmente es fundamental procurar que nuestras vías respiratorias permanezcan libres, respirar aire fresco y puro frecuentemente, observar detenidamente esta función corporal y propiciar su mejoría a través de ejercicios respiratorios especiales aunados al ejercicio físico en sí mismo.

El otoño es una estación excelente para revisar lo que no nos sirve, viejos hábitos, pensamientos caducos, aspectos estancados, objetos acumulados, etc. Paralelamente es positivo hacer desintoxicación a base de jugos tanto de frutas como de verduras, sopas depurativas y agua en abundancia, lo cual proveerá de mayor energía y estímulo de las defensas generales. Se recomienda combinarlo con irrigaciones del colon (colónicos), práctica muy antigua de limpieza intestinal. Además aprovechar para exfoliar la piel para eliminar la piel muerta y estimular la limpieza de toxinas. Adicional a los ejercicios físicos que favorecen la sudoración y la tonificación general, la práctica por excelencia en tiempo de otoño es la meditación, herramienta formidable para equilibrar nuestra mente, centrar nuestra atención, relajarnos y conectarnos con nuestro ser interno, la intuición y la sabiduría propia de cada uno/a.

Reserva un pequeño espacio cada día durante el otoño para estar en soledad y quietud, libre de interrupciones, en verdadero silencio, sin pensar en nada, sin leer, sin escuchar…solo respirando y siendo.