Dieta, Peso Ideal y Emociones

12-5-06

Continuando con el tema de la dieta y la alimentación que iniciamos en la entrega anterior, ahora nos enfocaremos en los regímenes para adelgazar y mantener el “peso ideal”.

Si bien, como mencionamos antes,  los menúes tienen su utilidad puntual y nos permiten llegar a  determinadas metas con relación al peso deseado y saludable.  Sin embargo, lo más importante y verdadera meta es lograr un estilo de alimentación, conjuntamente con un estilo de vida saludable para la condición de cada ser humano.  Partiendo de esta conquista personal,  se podrán hacer excepciones breves  (no se trata de rigidez) y siempre  volver al  ritmo, no lo contrario, que es como en muchos casos sucede.

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Buen tiempo para ayunar

Siguiendo las pautas primaverales, esta vez tocamos el interesante tema del Ayuno. Ayunar consiste en abstenerse de la ingesta de alimentos por un período determinado. Esta práctica no es nueva, al contrario, desde hace miles de años culturas tanto orientales como occidentales tenían integrados diferentes períodos de ayuno.

Muchas religiones lo han usado como preparación iniciática en el sentido de negar conscientemente los deseos y necesidades del cuerpo físico subrayando la supremacía de la consciencia sobre la materia. Encontramos datos bíblicos y de civilizaciones antiguas del Medio Oriente y de Grecia. También de usos terapéuticos que le daban los egipcios; de las prácticas habituales de Platón y Sócrates que lo hacían para estimular la claridad mental y física.

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La Monodieta, una alternativa depurativa

En la entrega anterior hablamos sobre el ayuno. Algunas personas que leyeron el artículo se sintieron motivadas a escribir a nuestra dirección electrónica y la inquietud más repetida fue con respecto a lo difícil que puede resultar hacer un ayuno por la falta de costumbre, de voluntad, por alguna contraindicación, las tentaciones, adicciones alimenticias o el poco tiempo disponible.

Comentaremos esta vez sobre la monodieta, una alternativa válida, que no sustituye ciento por ciento el ayuno pues actúa más suave que este, sin embargo permite un descanso digestivo además de ser una buena oportunidad de depuración.

Hacer una monodieta consiste en comer un solo tipo de alimento durante todo el día: fruta fresca, verdura cruda o alimentos cocidos. Durante este día no es necesario dejar de trabajar, aunque si se tiene la oportunidad de hacerlo y dedicar todo el día a prácticas depurativas, es ideal.

Al seguir la monodieta, las tres comidas principales habituales se sustituyen por comidas ligeras cada dos horas aproximadamente. En este caso el apetito no tiende a disminuir, como en el caso del ayuno prolongado y se satisface a través de la ingesta frecuente y la toma de agua abundante.

Para optimizar los resultados y ayudar a mantener el propósito, el día que se elija debe ser libre de compromisos u otros planes que puedan interrumpir el proceso. También que el resto del tiempo, en el caso de que deba seguir trabajando, pueda aislarse lo más posible y dedicarse a acompañar la práctica alimenticia con otras medidas generales que iremos comentado.

Los días precedentes debe iniciarse reduciendo o no consumiendo cafeína (té negro, café, bebidas de cola), alcohol, azúcar, cigarrillos, carne roja, leche, huevos y otros productos animales. Si fuma, prepararse mentalmente para no hacerlo durante ese día. Se deben suspender los suplementos, nunca los medicamentos prescritos por el médico de cabecera a menos que este lo permita. Estos pasos preparatorios ayudan a introducirse en el proceso y a hacer la monodieta más llevadera. Para una primera experiencia, se aconseja deshacerse de cuaquier alimento al que le sea difícil resistirse y que sean una tentación (galletas, bizcochos, helados, cereales azucarados, quesos, etc).

Si optase por frutas o verduras crudas, las más recomendables son las manzanas, uvas, peras, lechoza, sandía, piña, melón, zanahoria, apio o pepino. Se deben lavar bien para eliminar los residuos y se sugiere probar diferentes formas de cortarlas ( en ruedas, en cuadritos, rallada…) pues cambia el sabor y la textura. Si se decide por alimentos cocidos, arroz integral, trigo, mijo, papas, tayota o auyama, pueden ser excelentes. El alimento se hierve con su piel, sin sal y se agrega un aliño de aceite de oliva y jugo de limón. En cualquiera de los casos, los alimentos elegidos se recomiendan de cultivos biológicos libres de pesticidas.

El día antes, es beneficioso tomar una infusión laxativa (de semillas de lino, aloe, hojas de sen) o ponerse una enema de manzanilla o café colado con agua de manera que se desocupe el intestino lo más posible. Además, cenar con un buen plato de ensalada cruda o una abundante sopa de vegetales y consumir suplementos a base de fibra. También, tomar un baño relajante con aromaterapia y acostarse temprano.

El mismo día es bueno hacer una rutina de estiramientos, esto despertará el sistema linfático y se iniciará el movimiento de las toxinas. La ingesta se introduce con una taza de agua caliente a la que se debe añadir el jugo de medio limón y beber lentamente para ayudar al equilibrio del pH y el funcionamiento del hígado. Además, una caminata de media hora, estimulará la circulación y la eliminación de toxinas. También, puede hacer ejercicios de yoga o pilates si suele practicarlos. Antes de la ducha matutina, es ideal cepillar todo el cuerpo en seco y darse un masaje en el cuero cabelludo dando golpecitos suaves con la yema de los dedos.

Si es posible, planifique una sesión de masaje o de hidroterapia para ese día y practique además técnicas de relajación, respiración o visualización. Tenga a mano aceites esenciales para aromatizar el baño, la habitación, música agradable, libros, revistas, videos, plantas para infusiones o tisanas, velas aromáticas y abundante agua mineral.

Con una monodieta de un día de duración es poco probable que se tengan reacciones secundarias. Sin embargo, puede sentirse cansancio, dolor de cabeza o sensación de resfrío. Todo esto puede deberse al estado de relajación, a la suspensión de estimulantes acostumbrados como bebidas con cafeína o al mismo proceso de cambio generado por el uso de las reservas. En la medida de lo posible, no deben usarse analgésicos, más bien tomar mucha agua, usar compresas frías para la cabeza, unas cucharaditas de miel y mucho descanso.

Aunque sea un solo día el cuerpo aprovecha la oportunidad del descanso digestivo y queda con la sensación de limpieza, más ligero y energetizado. A partir de esta práctica es de mucho provecho seguir con el propósito de modificar los hábitos alimenticios hacia mayor variedad y salud.

Cada uno puede elegir el ritmo y la práctica de la monodieta puede ser desde una experiencia única hasta cada dos o tres meses. Algunos autores coinciden en recomendarla una vez a la semana por 5 semanas como parte de un programa de cambio alimenticio y luego seguir al ritmo deseado que puede ser mensual.

Las Dietas

Al mencionar la palabra “dieta” enseguida nos surgen muchas asociaciones mentales como: sacrificio, restricción, sufrimiento, control, ansiedad, disciplina, etc. Cuando hablamos de dieta de manera cotidiana, en realidad nos estamos refiriendo a un “menú” que es una guía cerrada de lo que ingeriremos en un tiempo determinado. Como la mayoría de los diseños de estos son con fines de adelgazamiento dan pautas muy específicas de los alimentos por horarios y las cantidades, de ahí las asociaciones mencionadas.

La palabra dieta en las dos acepciones que nos interesan en este momento se refiere al estilo de alimentación que cada uno puede tener por elección, preferencia, costumbre o por alguna condición de salud que requiera restricción parcial o total de algún tipo de alimento con fines terapéuticos o higiénicos.

Si bien los menúes especiales, con las restricciones que suponen tienen su importancia puntual y específica, la idea con este artículo es reivindicar un poco la palabra dieta y retomarla en su sentido de estilo de alimentación. Al mismo tiempo invitar a un estilo dietético saludable, armónico con la naturaleza, balanceado, creativo y que en combinación con otras prácticas que promueven el balance y el equilibrio del organismo, eviten tener que recurrir a los ciclos recurrentes de los menúes. La persecución de un menú constantemente se convierte para muchos en una carrera agotadora y con frecuencia frustrante pues al abandonarla se pierde de inmediato el efecto buscado.

De los alimentos tomamos el combustible vital que nuestro cuerpo usa como energía para la sobrevivencia. Los alimentos son nuestros aliados, no nuestros enemigos y por tanto reconectarnos con el sublime placer de comer, termina con la guerra con la comida en que con frecuencia se entra y con ese afán obsesivo de las limitaciones extremas o en otros casos, con el descontrol total donde todo es válido.

Con los cambios de hábitos generales, la incorporación de alimentos procesados, el abuso de los azúcares, la comida rápida, los cambios de horarios, las tensiones cotidianas, el comer con prisa etc, hemos ido perdiendo la conección con la conciencia de nuestro cuerpo y también el ritual de la hora de comer. Muchas veces comer se convierte en una mera necesidad de llenar el estómago rápidamente, no en un acto nutritivo y placentero.

Nuestro cuerpo sabe lo que necesita para alimentarse apropiadamente, según la condición individual, el clima, la estación, el estado de ánimo….En realidad la inteligencia corporal puede indicarnos cuando necesita nutrirse y qué necesita en cada momento. Para recuperar esta conección sugerimos empezar por reconocer nuestro cuerpo como un templo que como tal alberga nuestra esencia y lo que en realidad somos.

Seguir las leyes de la naturaleza, es conectarnos con el poder transformador que tenemos. Aprender a comer despacio, respirando antes de cada bocado, masticando bien, dándonos un espacio tranquilo y disfrutarlo. Aprendemos así a no luchar contra el apetito sino a respetarlo con alimentos nutritivos, sanos, que nos agraden en todos los sentidos: la vista (colores), el olfato, la textura y por supuesto, al gusto.

En la tradición oriental los colores y los sabores juegan un papel importante en el aporte energético y se asocian a la nutrición de los órganos, además del valor nutricional en sí. El color negro y el sabor salado, por ejemplo, tonifican los riñones y la vejiga; el verde y el agrio/ácido, el hígado y la vesícula biliar; el color rojo y el sabor amargo, el corazón e intestino delgado; el amarillo y el dulce al bazo y estómago y el blanco a los pulmones y el intestino grueso. Estos, en pequeñas cantidades tonifican y en exceso dañan los mismos órganos.

Iniciar una dieta, supone hacer una reflexión de nuestro amor y respeto por nuestro cuerpo. Revisar la importancia que le damos a nuestra nutrición física que en el mejor de los casos va de la mano con nuestra nutrición emocional y espiritual. Adoptar un estilo que nos mantenga en un peso adecuado y sobretodo en salud, supone cambiar nuestra forma de ver la alimentación, no como una imposición médica o un sacrificio estóico sino como una elección de calidad que nos merecemos y sobretodo como una opción inteligente de equilibrio y creatividad personal.

Terminamos con una frase de Martha Graham: “Al cuerpo se le da forma, se le disciplina, se le honra y, con el tiempo, se confía en él”

El Agua, nuestro mejor aliado en la Salud

Sabes cuanta agua tomas durante el día? Tienes idea de si estás bien hidratado/a? Pues resulta que según un estudio reciente el 90% de las personas revisadas estaban deshidratadas (Mayo Clinic, 2004). Y es que tener sed no necesariamente es el mejor indicador de deshidratación.Cuando aparece la sed, en la mayoría de los casos, es cuando ya se está muy por debajo de las condiciones mínimas en las que los tejidos funcionan adecuadamente según el equilibrio de agua del mismo. Con la edad, además, el centro de regulación de la sed se va desequilibrando, por lo que aumenta el riesgo de deshidratación.

El mayor componente del cuerpo es agua, se calcula que entre el 55% y el 60 % del peso corporal total en un adulto y es esencial para que todo el sistema corporal esté en balance y gocemos de buena salud. También para que la piel luzca hermosa, luminosa e hidratada. Constituye el medio en que se diluyen los líquidos corporales (sangre, sudor, saliva, orina, secreciones digestivas, etc), posibilita el trasporte de nutrientes a las células y también de sus productos de desecho.

Entre otras bondades, el agua ayuda mantener el peso saludable, mejora la claridad mental, hidrata los tejidos (ojos, boca, nariz, mucosas..), regula la temperatura del cuerpo, mantiene el buen funcionamiento del sistema digestivo, previene el estreñimiento, desecha impurezas, contribuye en la absorción de minerales, vitaminas y nutrientes, también ayuda a llevar nutrición y oxígeno a las células y claro, mejora la condición general de la piel.

Al hablar de agua en relación con la piel, es importante diferenciar la hidratación de la humectación. La primera es el agua que aporta la sangre a la piel, junto al oxígeno y demás nutrientes. En cambio, la humectación se refiere a la humedad que la piel toma del medio externo, de forma natural o artificial al usarse diversos productos elaborados en base de agua. Hoy en día existen excelentes productos para la humectación con aloes, aceites vegetales, ácido láctico, ácido glicólico, úrea, en forma de geles, emulsiones, cremas, etc.
Ahora vamos a hacer énfasis en la hidratación y en todo lo que podemos lograr sencillamente tomando más agua.

Nuestro organismo cuenta, de forma natural, con mecanismos de protección para evitar la deshidratación especialmente provocada por las condiciones externas. Sin embargo esta capacidad autorreguladora se altera o resulta insuficiente con los estímulos excesivos o con la disminución importante del abastecimiento de agua, causando sobre esfuerzo de los órganos y sistemas al trabajar bajo un estado de carencia.

El nivel de hidratación corporal depende del equilibrio entre el agua que se ingiere, la que se queda en el organismo y las pérdidas por las diferentes vías de salida, especialmente por evaporación. La reserva de agua que tiene la dermis y la epidermis constituye el 20% del agua de todo el cuerpo y se pierde fácilmente con las agresiones externas. Por eso hay que tomar en cuenta no sólo la cantidad que consumimos sino los factores fisiológicos y ambientales, además de la actividad física. Entre esos factores adicionales a considarar están el aire acondicionado, la calefacción, el sol, frío, viento, estrés, las infecciones, calor, sudoración , etc
Cuando hablamos de hidratación de inmediato pensamos en tomar agua, lo cual es excelente y es esencial, por supuesto. Sin embargo también debemos pensar en el balance de nuestra nutrición tomando en cuenta la cantidad que ingerimos de minerales, la variedad de frutas, verduras que también contribuyen al equilibrio hídrico del organismo.

Una dieta balanceada, que incluya gran diversidad de alimentos y una buena dosis de agua, es por lo general, suficiente para mantener la hidratación corporal y cutánea. Se recomienda consumir 2/3 de onzas por libra de peso corporal. Por ejemplo, una persona que pesa 160 libras debe consumir unas 106 onzas. También, en base a otro cálculo, se recomienda a un hombre de constitución media consumir unos 3.7 litros de agua y a una mujer unos 2.7 litros, bajo condiciones normales. Hay que tomar en cuenta una ingesta adicional por ejercicio físico o transpiración excesiva o cualquiera de las otras condiciones que aumenten las pérdidas líquidas.
El equilibrio corporal y dérmico están constantemente amenazados por lo que debemos estar pendientes de nuestras necesidades habituales y las añadidas según el momento y lugar, manteniendo un suministro de agua constante. La atención debe ser especial en los niños y los ancianos que son los más vulnerables.

Hidratar nuestro cuerpo no sólo es necesario cuando somos conscientes de que lo hemos sometido a un abuso ( como una exposición prolongada al sol). Es un error esperar a que los efectos de la deshidratación sean visibles o sensibles, porque estaremos necesitados de agua mucho antes de tener sed y mucho antes aún de que los efectos sean apreciables con la vista.

Recordemos que somos eminentemente agua, nuestras células contienen agua y viven en el agua. Necesitamos agua para funcionar a plena capacidad, entonces no esperemos para abastecernos continuamente y hacer del agua nuestro mejor aliado de salud.

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