Las Dietas

Al mencionar la palabra “dieta” enseguida nos surgen muchas asociaciones mentales como: sacrificio, restricción, sufrimiento, control, ansiedad, disciplina, etc. Cuando hablamos de dieta de manera cotidiana, en realidad nos estamos refiriendo a un “menú” que es una guía cerrada de lo que ingeriremos en un tiempo determinado. Como la mayoría de los diseños de estos son con fines de adelgazamiento dan pautas muy específicas de los alimentos por horarios y las cantidades, de ahí las asociaciones mencionadas.

La palabra dieta en las dos acepciones que nos interesan en este momento se refiere al estilo de alimentación que cada uno puede tener por elección, preferencia, costumbre o por alguna condición de salud que requiera restricción parcial o total de algún tipo de alimento con fines terapéuticos o higiénicos.

Si bien los menúes especiales, con las restricciones que suponen tienen su importancia puntual y específica, la idea con este artículo es reivindicar un poco la palabra dieta y retomarla en su sentido de estilo de alimentación. Al mismo tiempo invitar a un estilo dietético saludable, armónico con la naturaleza, balanceado, creativo y que en combinación con otras prácticas que promueven el balance y el equilibrio del organismo, eviten tener que recurrir a los ciclos recurrentes de los menúes. La persecución de un menú constantemente se convierte para muchos en una carrera agotadora y con frecuencia frustrante pues al abandonarla se pierde de inmediato el efecto buscado.

De los alimentos tomamos el combustible vital que nuestro cuerpo usa como energía para la sobrevivencia. Los alimentos son nuestros aliados, no nuestros enemigos y por tanto reconectarnos con el sublime placer de comer, termina con la guerra con la comida en que con frecuencia se entra y con ese afán obsesivo de las limitaciones extremas o en otros casos, con el descontrol total donde todo es válido.

Con los cambios de hábitos generales, la incorporación de alimentos procesados, el abuso de los azúcares, la comida rápida, los cambios de horarios, las tensiones cotidianas, el comer con prisa etc, hemos ido perdiendo la conección con la conciencia de nuestro cuerpo y también el ritual de la hora de comer. Muchas veces comer se convierte en una mera necesidad de llenar el estómago rápidamente, no en un acto nutritivo y placentero.

Nuestro cuerpo sabe lo que necesita para alimentarse apropiadamente, según la condición individual, el clima, la estación, el estado de ánimo….En realidad la inteligencia corporal puede indicarnos cuando necesita nutrirse y qué necesita en cada momento. Para recuperar esta conección sugerimos empezar por reconocer nuestro cuerpo como un templo que como tal alberga nuestra esencia y lo que en realidad somos.

Seguir las leyes de la naturaleza, es conectarnos con el poder transformador que tenemos. Aprender a comer despacio, respirando antes de cada bocado, masticando bien, dándonos un espacio tranquilo y disfrutarlo. Aprendemos así a no luchar contra el apetito sino a respetarlo con alimentos nutritivos, sanos, que nos agraden en todos los sentidos: la vista (colores), el olfato, la textura y por supuesto, al gusto.

En la tradición oriental los colores y los sabores juegan un papel importante en el aporte energético y se asocian a la nutrición de los órganos, además del valor nutricional en sí. El color negro y el sabor salado, por ejemplo, tonifican los riñones y la vejiga; el verde y el agrio/ácido, el hígado y la vesícula biliar; el color rojo y el sabor amargo, el corazón e intestino delgado; el amarillo y el dulce al bazo y estómago y el blanco a los pulmones y el intestino grueso. Estos, en pequeñas cantidades tonifican y en exceso dañan los mismos órganos.

Iniciar una dieta, supone hacer una reflexión de nuestro amor y respeto por nuestro cuerpo. Revisar la importancia que le damos a nuestra nutrición física que en el mejor de los casos va de la mano con nuestra nutrición emocional y espiritual. Adoptar un estilo que nos mantenga en un peso adecuado y sobretodo en salud, supone cambiar nuestra forma de ver la alimentación, no como una imposición médica o un sacrificio estóico sino como una elección de calidad que nos merecemos y sobretodo como una opción inteligente de equilibrio y creatividad personal.

Terminamos con una frase de Martha Graham: “Al cuerpo se le da forma, se le disciplina, se le honra y, con el tiempo, se confía en él”

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