Este es nuestro articulo de rejuvenecimiento

Este es nuestro contenido...Este es nuestro contenido...Este es nuestro contenido...Este es nuestro contenido...Este es nuestro contenido...Este es nuestro contenido...Este es nuestro contenido...Este es nuestro contenido...Este es nuestro contenido...Este es nuestro contenido...Este es nuestro contenido...Este es nuestro contenido...Este es nuestro contenido...Este es nuestro contenido...Este es nuestro contenido...Este es nuestro contenido...Este es nuestro contenido...Este es nuestro contenido...Este es nuestro contenido..

Continuar leyendo

Es posible rejuvenecer?

Definitivamente, un común denominador en los seres humanos es que todos queremos ser hermosos y hermosas, delgados, delgadas y jóvenes. Con los recursos tecnólogicos cada vez más sofisticados en el área de estética, el lucir bien, más lozanos, con menos marcas del paso del tiempo tiene cada vez más respaldo. Sin embargo, aunque reconozco la importancia de estos recursos y no veo nada mal el recurrir en algún momento a su uso sensato en manos profesionales, ahora quiero referirme a la parte interna, a lo que nos mueve y hace funcionar físicamente.

El trabajo quedaría incompleto e incluso sería hasta cierto punto ilógico si sólo nos enfocamos en lo que se ve, lo que un amigo llama “chapa, pintura y ferré” y no vamos a la propia célula, a los tejidos y los órganos. Es como cuando compramos una mansión, con hermosos jardines, elegante decoración pero incómoda, disfuncional para las necesidades de sus habitantes y estructuralmente insegura o como si compráramos un excelente carro de lujo y sólo nos ocupamos de lavarlo, encerarlo, brillarlo y no nos ocupamos del motor ni del mantenimiento interno.

El deterioro empieza desde que nacemos, ahí comenzamos a envejecer. Con el paso del tiempo, los procesos de metabolismo propios de la función orgánica, el contacto con aire contaminado, la polución, las situaciones de estrés, la baja calidad de los alimentos, el abuso de azúcares o de grasas, alimentos químicamente procesados, etc., además de muchas enfermedades que comienzan a aparecer, se asocian con la proporción de radicales libres circulantes en nuestros cuerpos. Agregamos, el poco mantenimiento que nos damos, siguiendo la analogía del carro, por lo poco que tenemos incorporado culturalmente el concepto de cuidado personal, de descanso, el tiempo de relajación y mimo, el ejercicio físico y todas esas actividades, prácticas personales y costumbres ligadas a un estilo de vida saludable y conectado con la naturaleza. A todo esto le sumamos el factor hereditario, las predisposiciones familiares que si bien pesan, también se podrían ayudar en algunos casos con las medidas mencionadas.

Ningún sector del cuerpo se escapa del efecto de estos “villanos” llamados radicales libres. El deterioro que producen en los tejidos depende de las predisposiciones, de la cantidad de radicales y de las medidas que tomemos. La mayoría de los cambios inicialmente son reversibles. La acción de los radicales libres no es específica, en principio, entorpecen la función normal de un tejido u órgano y con el paso del tiempo provocan la enfermedad según nuestras áreas más débiles o más predispuestas.

El protector básico y natural contra los radicales libres es una enzima del hígado que actúa haciéndolos desaparecer y cuya sigla es SOD. Desgraciadamente esta desaparece casi totalmente entre los 35 y 40 años, dependiendo de las condiciones de la persona. Ante esta desprotección nuestro trabajo consiste en fortalecer todos los recursos internos de nuestro cuerpo, reconectarnos con esa capacidad que tenemos de regenerarnos y de curación espontánea.
Lamentablemente, en general, no tomamos conciencia del estado de buena salud de que gozamos hasta que este se empeora. Precisamente, nuestro llamado es a todo lo contrario, a conectarnos con la idea y con acciones encaminadas a prevenir y mejorar nuestras capacidades dentro de lo que nos sea posible y realmente es mucho lo que podemos hacer. Esa es la buena noticia, nuestro organismo posee una capacidad natural, inherente a la vida, de autorrepararse contando con la información que tiene el ADN. Contamos con unas redes muy bien organizadas de información e inteligencia en permanente intercambio que son susceptibles de renovarnos y transformarnos. Un ejemplo sencillo es cuando luego de una lesión, una cortadura, un golpe, una picadura, se activan automáticamente los mecanismos de reparación y de regeneración de células, aunque no hagamos nada para ello.

Si esto ocurre de forma espontánea ante las lesiones, enfermedades y las diferentes posibilidades patológicas que podríamos sufrir, aún en cuerpos deteriorados, imaginemos lo que puede ocurrir en un cuerpo sano y cuidado. Podemos hacer que esas células se mantengan en las mejores condiciones, que se reparen las que se dañan espontáneamente por el paso del tiempo, que se minimice el daño en el mejor de los casos y hacer que funcionemos en óptima capacidad. Revertir el envejecimiento, rejuvenecer y retrasar el deterioro es una opción, es una posibilidad real que tenemos. Por qué no, entonces, en vez de considerar la segunda mitad de la vida como un tiempo de deterioro progresivo y de pérdida de facultades, vemos el envejecimiento como una oportunidad de tener más sabiduría, más creatividad, amor, sentido de la vida , capacidad física y mental?

La pregunta obligada ahora es ¿qué podemos hacer? Además del uso de antioxidantes, nos ayudamos haciendo cambios en el estilo de vida y otras actividades complementarias (ejercicio físico, buena alimentación, procesos periódicos de desintoxicación corporal, descanso, manejo del estrés, disfrute de la vida….) según la condición individual, podemos llegar a aumentar el promedio de vida útil en actividad, con lucidez y una apariencia física de más juventud, con un estado excelente de vigilia cerebral, de recuerdos , de agilidad y fortaleza física y mental, vigor, al mismo tiempo que se minimizan los “achaques” propios del paso del tiempo. Esto es lo fundamental de inicio.

El tema es muy amplio, apasionante y complejo para agotarlo en tan poco espacio. Hay muchos científicos que han dados sus aportes y otros que continúan trabajando en la investigación, publicando en revistas, libros y todavía no es suficiente. Sólo queremos dejar en el ánimo la idea de las posibilidades que tenemos, de una visión más amplia de las maravillas que nuestro cuerpo nos ofrece y estimular a que lo cuidemos más y le saquemos más partido.
En una próxima entrega ampliaremos las opciones.

Joven a los 80

En el artículo anterior tocamos el tema del rejuvenecimiento. Muchas de las recomendaciones para mantener nuestro cuerpo más joven, más fuerte, con estímulos positivos para mantener las funciones vitales en óptimas condiciones de alguna forma las hemos tratado individualmente en abordajes anteriores, sin embargo haremos un resumen de algunas de ellas para enfocarlas desde la visión de la revitalización y el rejuvenecimiento en este y siguientes artículos.

En la historia de la humanidad la búsqueda de la “Fuente de la Juventud” es un tema repetido en textos antiguos, en leyendas e historias en las que la inmortalidad como don aparece con frecuencia. Muchos han buscado y siguen buscando la piedra filosofal, la panacea universal y el elíxir de la vida. Claro, no nos gusta la idea de envejecer, de perder nuestras capacidades de valernos por nosostros mismos o de movernos, de disminuir nuestra calidad de vida o quedar rendidos ante una enfermedad invalidante. El ser humano, como consecuencia de ese temor al deterioro, ha buscado insistentemente el remedio mágico que le dará la juventud y la verdad es que no lo ha encontrado.

No se ha encotrado ni se encontrará mientras concentremos la esperanza en un “método mágico”, en una crema, un suplemento, un estanque, una inyección o un producto todopoderoso. Resulta que el mantenernos jóvenes y saludables depende más bien de un estilo de vida, de prácticas diarias de cuidado personal dirijidas mucho más a la prevención y mucho menos a la reparación. A todos nos pasa el tiempo, pero cómo nos pase a cada uno depende de los cuidados que tengamos. Es decir, podemos ser jóvenes y vivir como tales el mayor tiempo posible o vivir con decrepitud y deterioro. Esa es una cuestión de elección vital.

Por supuesto, queda claro que no nos referimos a la apariencia externa tanto como a las funciones vitales, a las facultades mentales, intelectuales, físicas y por qué no, al equilibrio emocional. A eso que llamamos Salud y que es mucho más que ausencia de enfermedad.

Empecemos por el ejercicio físico. La actividad física regular, mantiene joven la función de nuestro cuerpo y nuestra mente, deteniendo o disminuyendo drásticamente el deterioro funcional que acostumbramos aceptar como “normal” al envejecer. Hipócrates, padre de la Medicina, dijo hace unos 2400 años que “todas las partes del cuerpo que tienen una función, si se usan y ejercitan con moderación, se mantienen sanas y bien desarrolladas, envejeciendo lentamente; pero si no se usan, se tornan susceptibles a la enfermedad, tienen un desarrollo deficiente y envejecen rápidamente” .

En los últimos años, se realizan cada vez más investigaciones sobre los efectos del envejecimiento. En ellas lo más difícil ha sido separar adecuadamente el efecto inevitable del envejecimiento biológico del cuerpo del efecto ocasionado en ese cuerpo por enfermedades, inactividad física, tabaco, contaminación ambiental, estrés, alcohol, nutrición inadecuada, drogas y/o medicamentos.

Algunos resultados de investigaciones publicadas en los últimos años, han tirado por tierra muchos de los conceptos médicos tradicionalmente aceptados como efectos del envejecimiento. Uno de ellos es que la edad es un factor de importancia mínima en el declinar de la función cardiovascular y las condiciones generales, físicas y mentales que acostumbramos ver con el envejecimiento como la flexibilidad, la fuerza muscular, la densidad de los huesos, el equilibrio, balance, memoria, etc.

El ejercicio regular, especialmente el cardiovascular (caminatas, natación, correr, bicicleta, etc) previene el deterioro circulatorio y la disminución de la capacidad física que usualmente ocurren al envejecer. Con relación a esto no sólo puedo hacer referencia a estudios científicos excelentes y serios, también puedo hablar de la alegría que me da las veces que he tenido la oportunidad de examinar médicamente a “jóvenes” de 50, 60, 70 y 80 años, cuyo estilo de vida incluye el ejercicio regular y verificar su impresionante actividad, productividad, independencia física y su capacidad de disfrutar plenamente una vida con alta calidad.

En hombres y mujeres de hasta 90 años se han demostrado aumentos importantes de la función circulatoria, respiratoria y muscular, en las condiciones físicas y mentales, en la capacidad de utilizar oxígeno y de realizar las actividades físicas de la vida diaria, la preservación de la función mental, cambios metabólicos importantes en el manejo del azúcar, disminución de colesterol y adelgazamiento, etc. No importa la edad que se comience (nunca es tarde) con un programa regular de ejercicios adecuados en tipo, intensidad y frecuencia, siempre habrá beneficios y cambios positivos.

A los que se creen demasiado jóvenes para pensar en rejuvenecer, les recuerdo que la mejor medicina es prevenir. Para no ser un joven “viejo” hay que empezar de una vez y vivir la vida desde lo antes posible con calidad y gozando de buena salud. No sólo evitará ser un viejo a destiempo sino que podrá llegar a ser joven a los 80.

Es un hecho, el ejercicio físico rejuvenece el cuerpo y la mente. Así que, sin importar tu edad de hoy, conviértete en una persona activa para el resto de tu vida…… y tu vida es tu responsabilidad : cuídala!

Siguiendo la via de la Juventud

Este es el tercer y último artículo de la serie de Rejuvenecimiento. Insisto en que lo más inteligente es optar por invertir nuestros esfuerzos en la salud, en mantenernos física, mental, emocional y espiritualmente en óptimas condiciones para minimizar o evitar las condiciones que nos llevan a la enfermedad. En otras palabras hablo de PREVENCIÓN. Para ello, lo primero es incorporar en nuestro pensamiento y luego en nuestra vivencia cotidiana el concepto de cuidado personal que va desde la alimentación, el descanso, el ejercicio físico y deportes, las prácticas o terapias relajantes, el responsabilizarnos de nuestras emociones y afectividad, hasta la conexión y práctica espirituales.

Sobre el ejercicio físico amplié en la entrega anterior. Con relación a la alimentación, que realmente es un tema muy vasto y con muchas vertientes por donde ser abordado, quiero rescatar la visión del alimento como parte de los recursos vitales en nuestro equilibrio y no sólo como el “mata hambre” que sacia una necesidad inmediata. Hago referencia de nuevo al padre de la medicina occidental, Hipócrates, quien veía como fundamental el manejo de los alimentos como primer paso en la búsqueda de una mejor existencia y quien popularizó la frase tan repetida “que tu alimento sea tu medicina”. Claro, hablo de una medicina enfocada en la prevención y no en la curación.

Alimentarnos bien implica respetar los ritmos alimenticios, masticar adecuadamente, tomar los líquidos según cada organismo, comer tomando en cuenta nuestras necesidades particulares (por predisposiciones familiares o tendencias, edad, tipo de sangre, constitución, antecedentes personales, etc), elegir el tipo de alimento, cuidar su higiene, conservación, forma cocción para preservar su potencial nutritivo y calidad en general. Además, cuidarnos de los aditivos, colorantes artificiales, exceso de grasa, exceso de azúcares, sobrealimentación, etc.

También necesitamos el descanso adecuado, que va desde el cambio de actividad, el aprender a desconectarnos física y mentalmente, tomar espacios breves durante el día en medio de las labores cotidianas, aprender a relajarnos y liberarnos del estrés día a día, tomar vacaciones periódicamente, hasta el disfrutar de un sueño profundo y reparador.

Entre los recursos médicos alternativos contamos además con terapias como el masaje en sus diferentes variantes, reiki, acupuntura, digitopresión, yoga, ozono, homeopatía, etc., que no sólo son terapéuticos y curativos , sino eminentemente preventivos y ayudan a mantener el equilibrio energético y corporal evitando o disminuyendo las posibilidades de desarrollar enfermedades a la vez que manteniéndonos más vitales. Esas terapias se constituyen en ese mantenimiento periódico que nuestra “maquinaria” necesita.

Finalmente mencionamos otros recursos específicos, diseñados por la alta tecnología médica y donde los europeos tomaron la delantera, aunque ya sean mundialmente usados. Me refiero a las vacunas antienvejecientes. La pionera desarrollando este tipo sustancias fue la Dra. Aslan en Rumanía, cardióloga y jefa del Instituto geriátrico de su país quien encabezó las investigaciones de productos para mejorar la calidad y extensión de vida de los ancianos a su cargo, en los años 40. De ellas heredamos la primera vacuna que salió al mercado.

Mas adelante, continuaron las investigaciones y hoy en día la tecnología suiza lleva ventaja importante. Han salido al mercado varias generaciones de vacunas y entre los efectos que podemos destacar están el fortalecimiento gradual del sistema inmunológico, de forma que el organismo puede defenderse de condiciones degenerativas, mejorando las funciones orgánicas generales, renovando y revitalizando las células y tejidos, aumentando la energía. Menciono además, enfermedades y disfunciones que se ven grandemente beneficiadas como el asma, la angina de pecho, arteriosclerosis, depresión, piel seca, pérdida de memoria, deterioro mental, psoriasis, distonía muscular, osteoporosis, caída del cabello, alteraciones glandulares y sexuales, estrés y en general la mayoría de enfermedades crónicas degenerativas por su efecto altamente regenerador.

Con estos métodos no se ofrece la “Fuente de la Juventud” y tampoco se retrocede el tiempo, pero sí se ofrece una opción segura de reconstituir el organismo y permitirle recuperase desde dentro hacia afuera, llenándolo de vitalidad además de reducir la velocidad de deterioro interno y externo.

Termino con el tema de lo Espiritual y no por considerarlo menos importante, por el contrario. No abundo en el tema pues lo considero muy personal. Cada ser humano tiene una forma diferente de vivir su espiritualidad y su sentido religioso, cada uno/a puede buscar diferentes vías de acercarse a nuestro creador, a nuestro origen y conectarse con esa fuente Divina que ha sido llamada con muchos nombres: Alá, Yaveh, Jeovah, Krishna, Dios….. Lo sanador es vivirlo con autenticidad del corazón, seguir esa via de la Juventud a través de un corazón renovado y conectado con el respeto profundo a la vida que viene del Él y con el Amor a todo lo creado por Él.

El Agua, nuestro mejor aliado en la Salud

Sabes cuanta agua tomas durante el día? Tienes idea de si estás bien hidratado/a? Pues resulta que según un estudio reciente el 90% de las personas revisadas estaban deshidratadas (Mayo Clinic, 2004). Y es que tener sed no necesariamente es el mejor indicador de deshidratación. Cuando aparece la sed, en la mayoría de los casos, es cuando ya se está muy por debajo de las condiciones mínimas en las que los tejidos funcionan adecuadamente según el equilibrio de agua del mismo. Con la edad, además, el centro de regulación de la sed se va desequilibrando, por lo que aumenta el riesgo de deshidratación.

El mayor componente del cuerpo es agua, se calcula que entre el 55% y el 60 % del peso corporal total en un adulto y es esencial para que todo el sistema corporal esté en balance y gocemos de buena salud. También para que la piel luzca hermosa, luminosa e hidratada. Constituye el medio en que se diluyen los líquidos corporales (sangre, sudor, saliva, orina, secreciones digestivas, etc), posibilita el trasporte de nutrientes a las células y también de sus productos de desecho.

Entre otras bondades, el agua ayuda mantener el peso saludable, mejora la claridad mental, hidrata los tejidos (ojos, boca, nariz, mucosas..), regula la temperatura del cuerpo, mantiene el buen funcionamiento del sistema digestivo, previene el estreñimiento, desecha impurezas, contribuye en la absorción de minerales, vitaminas y nutrientes, también ayuda a llevar nutrición y oxígeno a las células y claro, mejora la condición general de la piel.

Al hablar de agua en relación con la piel, es importante diferenciar la hidratación de la humectación. La primera es el agua que aporta la sangre a la piel, junto al oxígeno y demás nutrientes. En cambio, la humectación se refiere a la humedad que la piel toma del medio externo, de forma natural o artificial al usarse diversos productos elaborados en base de agua. Hoy en día existen excelentes productos para la humectación con aloes, aceites vegetales, ácido láctico, ácido glicólico, úrea, en forma de geles, emulsiones, cremas, etc.
Ahora vamos a hacer énfasis en la hidratación y en todo lo que podemos lograr sencillamente tomando más agua.

Nuestro organismo cuenta, de forma natural, con mecanismos de protección para evitar la deshidratación especialmente provocada por las condiciones externas. Sin embargo esta capacidad autorreguladora se altera o resulta insuficiente con los estímulos excesivos o con la disminución importante del abastecimiento de agua, causando sobre esfuerzo de los órganos y sistemas al trabajar bajo un estado de carencia.

El nivel de hidratación corporal depende del equilibrio entre el agua que se ingiere, la que se queda en el organismo y las pérdidas por las diferentes vías de salida, especialmente por evaporación. La reserva de agua que tiene la dermis y la epidermis constituye el 20% del agua de todo el cuerpo y se pierde fácilmente con las agresiones externas. Por eso hay que tomar en cuenta no sólo la cantidad que consumimos sino los factores fisiológicos y ambientales, además de la actividad física. Entre esos factores adicionales a considarar están el aire acondicionado, la calefacción, el sol, frío, viento, estrés, las infecciones, calor, sudoración , etc
Cuando hablamos de hidratación de inmediato pensamos en tomar agua, lo cual es excelente y es esencial, por supuesto. Sin embargo también debemos pensar en el balance de nuestra nutrición tomando en cuenta la cantidad que ingerimos de minerales, la variedad de frutas, verduras que también contribuyen al equilibrio hídrico del organismo.

Una dieta balanceada, que incluya gran diversidad de alimentos y una buena dosis de agua, es por lo general, suficiente para mantener la hidratación corporal y cutánea. Se recomienda consumir 2/3 de onzas por libra de peso corporal. Por ejemplo, una persona que pesa 160 libras debe consumir unas 106 onzas. También, en base a otro cálculo, se recomienda a un hombre de constitución media consumir unos 3.7 litros de agua y a una mujer unos 2.7 litros, bajo condiciones normales. Hay que tomar en cuenta una ingesta adicional por ejercicio físico o transpiración excesiva o cualquiera de las otras condiciones que aumenten las pérdidas líquidas.
El equilibrio corporal y dérmico están constantemente amenazados por lo que debemos estar pendientes de nuestras necesidades habituales y las añadidas según el momento y lugar, manteniendo un suministro de agua constante. La atención debe ser especial en los niños y los ancianos que son los más vulnerables.

Hidratar nuestro cuerpo no sólo es necesario cuando somos conscientes de que lo hemos sometido a un abuso ( como una exposición prolongada al sol). Es un error esperar a que los efectos de la deshidratación sean visibles o sensibles, porque estaremos necesitados de agua mucho antes de tener sed y mucho antes aún de que los efectos sean apreciables con la vista.

Recordemos que somos eminentemente agua, nuestras células contienen agua y viven en el agua. Necesitamos agua para funcionar a plena capacidad, entonces no esperemos para abastecernos continuamente y hacer del agua nuestro mejor aliado de salud.

Lunavital

Calle 13 #14, Los Jardínes Metropolitanos. Santiago,
República Dominicana.
Tel.: 809-583-5667
Tel.: 809-724-0615
lunavital.info@gmail.com
info@lunavital.com
http://lunavital.com