El Agua, nuestro mejor aliado en la Salud

Sabes cuanta agua tomas durante el día? Tienes idea de si estás bien hidratado/a? Pues resulta que según un estudio reciente el 90% de las personas andamos deshidratadas (Mayo Clinic, 2004).  Y es que tener sed no necesariamente es el mejor indicador de la deshidratación.   Cuando nos sentimos sedientos/as, es, en la mayoría de los casos,  cuando ya andamos muy por debajo de las condiciones mínimas en las que nuestros tejidos funcionan adecuadamente según el equilibrio de agua del mismo.

El mayor componente de nuestro cuerpo es agua y esta es esencial para que todo nuestro sistema esté equilibrado y gocemos de buena salud. También para que nuestra piel luzca hermosa y luminosa. Entre otras bondades, el  agua nos ayuda mantener el peso saludable, mejora la claridad mental, hidrata los tejidos (ojos, boca, nariz, mucosas..), regula la temperatura del cuerpo, mantiene el sistema digestivo,  previene el  estreñimiento, desecha  impurezas,  contribuye en  la absorción de minerales, vitaminas y nutrientes, también ayuda a llevar nutrición y  oxígeno a las células y claro,  mejora la condición general de la piel.

Al hablar de agua con relación a la piel debemos diferenciar la hidratación y la humectación.  La primera es el agua que aporta la sangre a la piel, junto al oxígeno y demás nutrientes.  En cambio, la humectación se refiere a la humedad que la piel toma del medio externo, de forma natural o artificial al usarse diversos productos elaborados en base de agua. Hoy en día existen excelentes productos para la humectación con aloe, aceites vegetales, ácido láctico, ácido glicólico, úrea, en forma de geles, emulsiones, cremas, etc. Todos estos indicados por el profesional calificado son ideales.  Sin embargo ahora vamos a hacer énfasis en la hidratación y todo lo que podemos lograr sencillamente tomando más agua

Y justamente, cuando hablamos de hidratación de inmediato pensamos en tomar agua, lo cual es excelente y  está incluido, por supuesto. Sin embargo también debemos pensar en el  balance de nuestra nutrición con la cantidad de minerales, la variedad de frutas, verduras que también contribuyen al equilibrio hídrico del organismo.

Una dieta balanceada, que incluya gran variedad de alimentos y una buena dosis de agua, es por lo general, suficiente para mantener la hidratación corporal y cutánea. Se recomienda consumir 2/3 de onzas por libra de peso corporal. Por ejemplo, una persona que pesa 160 libras debe consumir unas 106 onzas. También, en base a otro cálculo, se recomienda a un hombre de constitución media consumir unos 3.7 litros de agua y a una mujer unos 2.7 litros, bajo condiciones normales, sin incluir la ingesta adicional por ejercicio físico o transpiración excesiva u otras condiciones que aumenten las pérdidas líquidas.

Nuestro nivel de hidratación corporal depende del equilibrio entre el agua que ingerimos, la que se queda en nuestro organismo y las pérdidas que tenemos por las diferentes vías de salida, especialmente por evaporación.  Por eso hay que tomar en cuenta no sólo la cantidad que consumimos sino los factores fisiológicos y ambientales, además de la actividad.  Entre esos factores  adicionales que debemos considarar están el aire acondicionado, la calefacción, el sol, frío, viento, estrés, las infecciones, calor, sudoración , etc.

Esa es la clave de la vitalidad, además de la luminosidad y belleza de la piel.  La reserva de agua que tiene la dermis y la epidermis constituye el 20% del agua de todo el cuerpo y se pierde fácilmente con las agresiones externas. El equilibrio corporal y dérmico están constantemente amenazados por lo que debemos estar pendientes a nuestras necesidades habituales y las añadidas según el momento y lugar,  manteniendo un  suministro constante.

Nuestra piel cuenta, de forma natural, con un mecanismo de hidratación que regula y protege nuestro cuerpo de las condiciones externas y posibles agresiones cotidianas que mencionamos.  Sin embargo esta capacidad autorreguladora del organismo para hidratar la dermis, se  altera o resulta insuficiente con los estímulos excesivos.  Cuando esta regulación desaparece o disminuye, la piel  pierde su elasticidad, se torna más áspera, tirante y frágil.

Hidratar nuestro cuerpo no sólo es necesario cuando somos conscientes de que lo hemos sometido a un abuso ( como una exposición prolongada al sol).  Es un error esperar a que los efectos de la deshidratación sean visibles  o sensibles,  porque estaremos necesitados de agua mucho antes de tener sed y mucho antes aún de que los efectos sean apreciables con la vista. 

Recordemos todo el tiempo que somos eminentemente agua, nuestras células contienen agua y viven en el agua. Necesitamos agua para funcionar a plena capacidad, entonces qué esperamos para abastecernos continuamente y hacer del agua nuestro mejor aliado de salud?

Dra Raquelina Luna

Enviado el 21 de enero del 2008  a una revista de cuidado de la Piel

Dra. Ma Consuelo Yunén

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