La Historia de Vida

Por: Dr. Pablo Koval

En general el paciente con problemas complejos de salud persistentes o recurrentes llega a la consulta tras un largo peregrinar de médico en médico, de estudio en estudio y de tratamiento en tratamiento. Concurre con un paquete de informes de estudios, radiografías, RMNs, TACs, etc.; con manifestaciones secundarias por el uso de analgésicos o de otros fármacos indicados para aliviar sus síntomas; con cirugías fallidas, etc. En definitiva, es común encontrarse con un paciente desconfiado, escéptico y triste y que señala que éste es su "último" intento. No obstante esto, cuando el enfermo siente la proximidad humana, percibe que es considerado como un ente singular,  que se presta atención a su historia particular de vida y que se toman en cuenta hechos “mínimos” que para él o ella son importantes, cambia rápidamente de actitud.

Al entender la enfermedad como un proceso, como una alteración de los circuitos autoorganizativos, como parte del devenir vital; al entender al ser humano como una unidad singular -mente, espíritu y cuerpo- que interactúa con el medio ambiente y con la sociedad, la evaluación clínica que hace la Medicina para la Autoorganización difiere de la forma clásica.

La historia de vida constituye una forma de conocer el proceso que ese paciente singular hizo hasta llegar a desarrollar los problemas de salud por los que consulta. Es la historia de las irritaciones y de las reacciones de su sistema nervioso tanto en lo físico como en lo emocional así como de los cambios que esas alteraciones provocaron en su relación con el medio.  Sólo el conocimiento de la historia y del proceso permite entender por qué, por ejemplo, un enfriamiento puede en diferentes personas pasar inadvertido, causar gripe, neumonía, glomerulonefritis, meningitis o tuberculosis de la rodilla. Muchas veces permite visualizar la sucesión de problemas que fueron recibiendo diferentes diagnósticos y tratamientos impositivos, y lo más importante, con frecuencia permite detectar la irritación o irritaciones causales de dicha sucesión de problemas.

El “motivo de consulta” se entiende simplemente como el objeto visible, como la manifestación del proceso y de ningún modo como la enfermedad en sí. Es frecuente que el enfermo consulte por un agravamiento, intensificación o generalización de un síntoma existente desde mucho tiempo atrás. Sin embargo, también es común que el enfermo no reconozca esa relación temporal porque “nunca fue tan intenso”, “nunca afectó tal o cual nuevo lugar”, etc. Es importante reconocer esa vinculación porque abocándose sólo a lo visible, a lo actual, resulta imposible resolver el problema desde su causa. Las diferentes imágenes radiográficas (cambios articulares, herniación discal, pérdida de calcio óseo, etc.) en general, representan la manifestación actual del proceso iniciado muchos tiempo antes. Lo mismo puede decirse de los estudios de laboratorio. Toda esta información es tenida en cuenta pero con la conciencia clara que representan cuadros aislados de una película que es necesario ver y comprender desde el principio.

Es necesario establecer la vinculación entre el problema que motivó la consulta y la historia de vida de esa persona concatenando temporalmente los hechos. Resulta de sumo interés conocer la historia del enfermo desde su nacimiento hasta el momento de la primera manifestación (aunque ésta sea mínima respecto al problema actual). Es importante reconocer los aspectos emotivos, ambientales o físicos que acompañaron o precedieron al primer acontecimiento vinculado con la situación actual. Muchas veces el paciente la relaciona con una cirugía, un procedimiento odontológico, un embarazo-parto, o una situación afectiva. Estos datos pueden ayudar a encontrar un campo interferente causal. Cuando se trata de hechos emotivos una pregunta interesante, por las respuestas y la utilidad terapéutica es: ”¿en qué parte del cuerpo sintió que le impactara ese acontecimiento?” Por lo común el paciente puede señalarse un área en particular, tiroides, epigastrio, etc. donde una aplicación puede estar indicada. El maltrato, el abuso, puede tener representación física, hay que preguntar al respecto pues pueden detectarse áreas interferentes.

También es necesario buscar las situaciones que han agravado el problema original, por ejemplo, una nueva cirugía, un embarazo, un procedimiento odontológico o un hecho emocional que al sumarse al desequilibrio existente cambian ciertas características del problema. En este caso esa nueva irritación del sistema puede significar otro campo interferente.

Deben conocerse los tratamientos recibidos y las respuestas. Como se señaló, un tratamiento impositivo puede aliviar síntomas durante un tiempo o definitivamente, pero la aparición de una “nueva” enfermedad debe hacer sospechar la existencia de una vinculación entre ambas situaciones. De este modo se va comprendiendo el proceso que llevó a las manifestaciones actuales. Esta información servirá para saber si al aparecer un síntoma diferente tras una aplicación terapéutica facilitadora de la autoorganización éste indica un agravamiento (vicariación progresiva) o es parte del proceso curativo que puede regresar pasando por situaciones del pasado (vicariación regresiva o salto de campo). Conviene hacer un repaso histórico parte por parte: alimentación, digestivo, respiratorio, urinario, sexual, cardíaco, músculo-esquelético, nervioso, odontológico; incluyendo síntomas de disfuncionalidad, infecciones, cirugías, traumatismos, lesiones cortantes, agresiones físicas, abuso, enfermedades en general, familia, trabajo, vivienda. Al indagar más pormenorizadamente, el enfermo recordará hechos quizás intrascendentes para él o ella y que para el conocimiento del proceso de la enfermedad así como para su tratamiento suelen ser de primera importancia.

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