A limpiar y botar para renovar

Marzo 2008

Por Raquelina Luna

Guardo eso por si lo necesito luego,ese pantalón que usé el último día de clases;  ese vestido que pasó de moda, pero por si vuelve a usarse;  estas blusas que no me sirven hace más de 3 años, pero las dejo en el closet para cuando rebaje;  esos papeles de colores que ya están desteñidos de tanto esperar el “por si acaso”. Así nos pasamos la vida acumulando facturas viejas, emociones guardadas, gavetas repletas, armarios sin el menor espacio, anaqueles sobrecargados de tanto guardar, toxinas en nuestro cuerpo, líquido retenidos, inflamaciones o asuntos pendientes.

Muchas veces tenemos el hábito de acumular objetos que ya no necesitamos incluso algunos que están dañados por si algún día lo necesitamos o al menos una pieza.  Entre esos objetos menciono ropa, equipos domésticos, utensilios de cocina, muebles, zapatos, libros. Lo más llamativo es que pasa el tiempo y nunca llega ese en que le demos uso, sin embargo siguen allí, “limpiamos” el estante y los volvemos a colocar.

Así mismo como se guardan objetos, se guardan rencores, miedos, palabras nunca dichas, afectos sin comunicar, tristezas ahogantes, sufrimientos evitables, gracias sin dar, decisiones que no se toman. También se guarda dinero que nunca se gasta pues “quien sabe” cuando se necesitará, por si una emergencia; no se mueve, no se pone a producir y no se intercambia. Paralelamente nuestro organismo se va cargando de toxinas que respiramos, que entran por nuestra piel,  por nuestra boca (lo que ingerimos) y por lo congestionado que a veces están nuestros sistemas de eliminación a nivel físico, se van quedando internamente entorpeciendo el funcionamiento de los tejidos y contribuyendo a generar más dolencias.

Una excelente idea es, periódicamente,  revisar nuestros espacios, donde vivimos, donde trabajamos, donde guardamos, archivamos. También revisar nuestro interior, esas insatisfacciones, esos sentimientos estancados, y añejos que no nos dejan fluir adecuadamente. Y claro, verificar nuestro cuerpo, hacernos una revisión y desintoxicarnos un poco.

Todo eso que acumulamos es justamente lo que nos estanca, lo que nos retiene y lo que se convierte en impedimento. No por el objeto en sí, sino por la actitud nuestra al no permitir el reciclaje. Esa misma energía que nos hace guardar la blusa o el sillón que no necesitamos ni usamos, es la misma que no permite que fluya la emoción y que se resuelva el problema de resentimiento o de carencia económica.

Hay un principio universal que dice “como es adentro es afuera”. Así como sentimos y pensamos, así lo reflejamos afuera. La misma miseria de nuestra mente y de nuestro corazón se traduce en nuestro flujo externo. Cambiar nuestra mentalidad y nuestras actitudes, impulsos, condicionamientos y respuestas ante la vida no se da de la noche a la mañana y requiere primero reconocimiento y luego un plan sostenido de observación y acción para ir modificando nuestro sentido de fluencia y abundancia.

Podemos empezar por prácticas sencillas y simples como sacar, limpiar, regalar  aquello que tiene tanto tiempo guardado que a veces ni nos acordamos que lo tenemos.  Esta práctica externa, además de hacernos espacio vital,  genera sitio para que lleguen cosas nuevas, nos ayuda a conectarnos con esa fuerza y consciencia de lo que fluye. En el universo hay en abundancia para todos y nos corresponde.

Para trabajarlo en el aspecto físico corporal, hacer una dieta de desintoxicación, practicar ayuno, limpiar nuestros intestinos, exfoliar nuestra piel, sudar un poco más, aumentar la ingesta de agua, hacernos masaje de drenaje linfático y  otras prácticas físicas que favorezcan la eliminación según el caso de cada quien.

Escribir nuestros sentimientos, nuestras frustraciones, confiarlas a alguien con quien podamos desahogarlas o finalmente dar el paso de buscar ayuda profesional para esos temas que han estado sin solucionar y que nos drenan e impiden disfrutar de libertad interior y de elegir el cómo queremos vivir.

Mover, poner a circular, eliminar, reciclar cambia nuestra actitud de apego y aferramiento a las cosas que no es más que miedo de no tener, miedo a la escasés y justamente ese miedo  nos conecta con más escasés, con más carencia por que es lo que ponemos a vibrar, es lo que atraemos.  El mensaje que enviamos a nuestro incosciente es de carencia, de desconfianza, de apego a lo viejo, de no merecimiento. Como si lo nuevo y lo mejor no nos correspondiese ( lo que nos tranquiliza y alegra es guardar cosas viejas) y con eso vibramos. El mensaje que enviamos a nuestras células es de pobreza de función, de poca vitalidad, de imposibilidad de cambio y de estancamiento.

Al descargarnos material y emocionalmente abrimos espacios a nuevos objetos, instrumentos, emociones y oportunidades. Atraemos más fácilmente  lo que deseamos, entramos en la energía de la prosperidad y  de la sanación.  Fluimos con la vida que se caracteriza por el movimiento y nos llenamos de vitalidad, nuestras células se revitalizan, recuperamos el brillo de la mirada y la fuerza interior se expresa.

Y luego de todo, qué te recomiendo ahora? Pues que no guardes este artículo como un papel más, compártelo y sobretodo ponte en acción : a limpiar, desempolvar, quitar telas de araña,  por dentro y por fuera para que sigas fluyendo con la vida y en conexión con tu sentido de abundancia y de renovación.

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