Conquistar la Paz es Sanar

Por: Raquelina Luna

En estos momentos nuestra ciudad de Santiago está consternada por las situaciones violentas que atentan crudamente contra la seguridad ciudadana y la joven Vanessa Ramírez, con su muerte nos ha llamado fuertemente la atención al respecto.

Realmente es lamentable que ella haya tenido que morir para conmovernos cuando la inseguridad y la violencia nos azotan crudamente desde hace tiempo y el los últimos, peor.  Diariamente en los barrios de nuestras ciudades hay víctimas de crímenes de todo tipo,  de  puñaladas, balazos, violencia intrafamiliar, asaltos, etc. Frecuentemente en nuestras calles y avenidas se roban carteras, se arrebatan  carros o celulares y en el más afortunado de los casos no se afecta la vida de forma irreversible.   Ya ni siquiera la gente humilde del pueblo que trata de ganarse la vida honradamente como una marchanta, un pollero o un señor en su  colmado, quedan libres de ser asaltados a plena luz del día como recientemente ha ocurrido.

Me asombro de nuestras contradicciones como pueblo.  En general, como dominicanos somos muy agresivos y reactivos. No pasa medio segundo cuando el semáforo se pone en verde y la desesperación hace sonar las bocinas impacientemente; no se respeta el orden, no hay paciencia para esperar y hay que “meterse” a como de lugar y casi atropellar para pasar primero, el insulto está a la orden del día, siempre aparece un bravucón que saca un arma o que se lleva el mundo por delante y ni hablar de las quemas de gomas, las pedradas y protestas violentas por la propia violencia.  Eso contrasta con la pasividad con la que hemos aceptamos los atropellos, los abusos de todo orden, los crímenes, los atentados contra la tranquilidad, la vida.  Nos ha hecho falta la protesta coherente y el reclamo por los derechos de protección ciudadana de todo tipo y la continuidad de estas.

Veo con agrado y apoyo las protestas organizadas y masivas como las recientes que han surgido a raíz de la muerte de Vanessa.  Ojalá y mantengamos la consistencia y se de seguimiento a la búsqueda de soluciones sostenibles y duraderas.  La reevaluación de las medidas de protección son urgentes para poder reforazarlas.

Ante una situación tan cercana, que nos conmueve profundamente y  hace reflexionar  inevitablemente nos ponemos en la posición de la víctima y de sus seres más cercanos.  Se arremolinan las emociones, el dolor, la indignación, la impotencia, la rabia y luego el pánico, cuando pensamos que a cualquiera le puede pasar y que ya no existe lugar seguro.

Esta columna está dedicada a temas de bienestar, sanación,  salud. En este momento no puedo hablar de otro tipo de sanación que no sea la de nuestros corazones.  Nuestros corazones necesitan paz, seguridad, acogida.  Ahora, además de gestionar fuera la seguridad, tenemos la opción de movernos internamente.

Necesitamos  mirar la vida y trabajar para ella.  Al mismo tiempo que buscamos soluciones externas donde necesariamente tenemos que hacer un llamado a las autoridades, sin desviar nuestra atención de abogar por la seguridad personal, hace falta con la misma urgencia irnos hacia adentro.  Para eso no necesitamos a nadie, no dependemos de factores externos sino de nuestra conexión interna, nuestra fuerza sostenida y coherente con el principio creador.

La situación es compleja y no es suficiente con las medidas afuera, hace falta reforzar la seguridad interna hace falta sanar las bases, hace falta revisar y reconectar la familia desarticulada, hace falta fortalecer los afectos, los apoyos, los principios de autoridad, la nutrición emocional que recibimos en el núcleo del hogar y que después nos capacita para nutrir y seguir siendo nutridos fuera de él.  Hace falta fortaleza y soporte a través del fomento de las actividades sanas, de que los jóvenes tengan intereses que los conecten con sus virtudes que son las mayores protecciones contra los vicios, dependencias, las tentaciones, la insatisfacción, el vacío, etc,  principales impulsores de la violencia.  Hace falta seguimiento a las actividades y actitudes extrañas de los jóvenes para detectar tempranamente cualquier desvío.

Me llega una frase que escuché hace mucho y que repito a veces: “es dentro de ti donde hace buen tiempo”. 

El fortalecernos internamente crea ese buen tiempo dentro de nosotros, aumenta nuestra fe, nos crea la plataforma para seguir viviendo sanamente, tomando  precauciones inteligentes, a la vez que dejando de lado la paranoia extrema que termina enfermándonos.  Nos permite recuperar la calma y encontrar consuelo y saber que sí hay un lugar seguro y que todo tiene un sentido.

Claro que hay que tomar medidas drásticas de emergencia, pero no podemos vivir sólo a expensas de la represión y la amenaza de la autoridad para que no suceda el crimen.  Para generar paz duradera y genuina hay que trabajarla desde el corazón y desde la recuperación de aquello que nos une, de los lazos de respeto, hermandad, afecto y por qué no de Amor.

Sueño con que recuperemos nuestra  características de pueblo abierto, seguro, hospitalario.  Que en vez de ver la amenaza en cada esquina y vivir en desconfianza con todo el que se nos acerque “sospechosamente” recuperemos la amabilidad y la generosidad de auxiliar y ayudar a cualquiera en la calle que nos necesite aunque no sepamos quien es.

Nuestras condolencias más sentidas a la familia de Vanessa y a las familias de los y las anónimos/as que también han sufrido pérdidas irreparables.  Gracias a todos por llamarnos la atención y hacernos reflexionar de la necesidad de revisarnos y de nuestra cuota en la  generación de la  paz.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

….porque es Vital cuidar de ti!

Lunavital

Calle 13 #14, Los Jardínes Metropolitanos. Santiago,
República Dominicana.
Tel.: 809-583-5667
Tel.: 809-724-0615
lunavital.info@gmail.com
info@lunavital.com
http://lunavital.com